sábado, 17 de noviembre de 2007

El Relámpago del Catatumbo ayuda a conservar la capa de ozono


Congo Mirador, 14 de noviembre de 2007/ El relámpago del Catatumbo, sobre el delta del río del mismo nombre, que nace en el noreste de Colombia y desemboca entre ciénegas y lagunas en el lago de Maracaibo, oeste de Venezuela, es una tormenta eléctrica de nube a nube, vinculada a una permanente baja presión en el área, rica en el metano que se incendia y resplandece.

“Este es el lugar del mundo con el mayor promedio de tiempo de tormentas eléctricas al año”, dice el ambientalista venezolano Éric Quiroga, promotor del 16 de septiembre como Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono.

Según Quiroga, el Catatumbo relampaguea entre 140 y 160 noches al año, durante unas siete horas, en dos ciclos, poco antes y después de la medianoche, que dan unas 980 horas anuales, con un promedio de 28 tormentas por minuto, para un gran total anual de un millón 646 mil.

Los sitios de mayor ocurrencia de tormentas eléctricas en el mundo son El Bagre, en Antioquia, Colombia, 270 días al año; Tororo, en Uganda, con 251 días, y Bogor, en Java, Indonesia, con 223 días. En Tororo y El Bagre las descargas suelen durar unas dos horas y son en su mayoría diurnas, y entre nubes y tierra.

Las descargas eléctricas nube-tierra tienen una intensidad de 10 mil a 50 mil amperios, mientras que las nube-nube entre 100 mil y 300 mil. “Cada relámpago podría encender los focos de Sudamérica. Un promedio de 1.6 millones de relámpagos anuales y una intensidad media de 150 mil amperios hacen del Catatumbo la primera fuente en su tipo generadora de electricidad en el planeta”, sostiene Quiroga.

Es el resplandor que se observa cuando se avanza entrada la noche, en botes de pescadores, desde Puerto Concha hasta Ologá y Congo Mirador, pequeños poblados de palafitos en el tórrido sur del lago.

Durante años predominó la tesis de que el metano emanaba de la descomposición de materia orgánica que producen las torrenciales lluvias en la zona sur de la cuenca del lago, unos 600 kilómetros al suroeste de Caracas, donde chocan vientos alisios del noreste y suroeste.

Pero el investigador Ángel Muñoz, de la Universidad del Zulia, presume la existencia de kerógeno (una mezcla de compuestos orgánicos que impregna rocas y otros sedimentos) en el subsuelo de las lagunas de aguas oscuras entre los vecinos ríos Bravo y Catatumbo.

“El sustrato del lago es rico en depósitos petrolíferos y comparte con las ciénegas ribereñas la misma historia geológica. La acumulación de metano podría verse favorecida por el escape de este gas a través de fisuras en el manto rocoso a través de las ciénegas y lagunas”, afirma Muñoz.

Ello explicaría la misteriosa desaparición del relámpago o el aumento de su frecuencia e intensidad después de la ocurrencia de sismos en la región.

El metano asciende hasta siete u ocho kilómetros, y cuando se ionizan las partículas de hielo en las enormes nubes convectivas, se producen las descargas eléctricas vistas en ocasiones a 400 kilómetros de distancia, desde islas en el sur del Caribe.

“El relámpago produce ozono, y el ozono nos mantiene con vida en todo el planeta”, nos dice Alexis Vega, pescador de 49 años, de pie sobre la delgada franja de arena entre el lago y la laguna de Ologá.

Quiroga explica: “A más de seis kilómetros de altura, el relámpago es una fuente generadora de ozono. Posiblemente el del Catatumbo sea la primera fuente regeneradora de su tipo en el mundo”, aunque las tormentas eléctricas apenas produzcan 10% del ozono estratosférico que protege al planeta de las radiaciones solares nocivas.

Los indígenas wayúu ven resplandecer en el relámpago los espíritus de sus muertos. Para los barí, de cuya lengua proceden palabras como Catatumbo y Zulia, concentra millones de luciérnagas que se reúnen para rendir tributo a los padres de la creación.